El origen reptil de la raza humana

NUESTRA VERDADERA NATURALEZA [1]
por Horacio Velmont
grupo_elron@live.com.ar
   “No es bueno en absoluto ignorar el componente reptil de la naturaleza humana, particularmente nuestro comportamiento ritualístico y jerárquico. Por el contrario, el modelo puede ayudar a entender a los seres humanos”.
 Carl Sagan, Los Dragones del  Edén.
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1.         La granja de los dioses

La Humanidad es la granja de los “dioses”, entendiendo por “dioses” unos seres racionales, de ordinario invisibles, superiores al hombre en entendimiento, que en fin de cuentas son los auténticos dueños del mundo [2].

San Pablo llama repetidamente a estos seres “los señores del mundo”, y decididamente tenía muy mala impresión de ellos. En su epístola a los efesios escribió el famoso pasaje, tan confuso como esclarecedor: “Nuestra lucha no es contra la carne ni contra la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del mal que están en las alturas” (ef.:6,12).
¿Pero quiénes son estos “señores del mundo”?

Como cualquiera podrá recordar, cuando éramos pequeños nuestros mayores nos contaban la bonita historia de que Dios creó al hombre amasando barro y que luego le sacó una costilla con la cual creó a Eva. Y también nos explicaban que una serpiente los tentó para que comieran la fruta del árbol ”del bien y del mal”, fruta que algunos malintencionados –o no tanto– le han atribuido connotaciones sexuales, y que por esta razón el Creador los expulsó del Paraíso.

Hay quienes aún creen esta fantasía, por lo cual les hará pegar un salto golpeándose la cabeza con el techo en cuanto sepan que en realidad nuestros padres creadores fueron reptiles y que nosotros también en cierta medida lo somos –nuestro cerebro es incuestionablemente reptil, reconocido públicamente incluso por Carl Sagan─, mientras el verdadero Dios miraba lo que hacían, por supuesto.
Esta aseveración, que parecería extraída de una película de ciencia ficción, se hace más real, e incluso más lógica, a medida que profundizamos en  el tema.
2.         Los dioses Anunnaki [3] 
Según los archivos sumerios, los Anunnaki, nuestros creadores extraterrestres, llegaron a nuestro planeta hace aproximadamente 450.000 años. En esa época la Tierra estaba en la etapa de los homínidos.
Los Anunnakis vinieron a la Tierra desde el planeta Nibiru, un miembro de nuestro propio Sistema Solar cuya gran órbita lo trae a nuestra parte de los cielos una vez cada 3.600 años.
Para que se entienda bien quiénes eran los Anunnaki basta decir que eran extraterrestres reptiloides, muy  evolucionados técnicamente.
Los Anunnaki vinieron aquí por una razón práctica: para extraer minerales y llevárselos a su planeta. La idea de crear un trabajador esclavo surgió porque la extracción de esos minerales pronto se les hizo pesada.

El gobernante del planeta de los Anunnakis, Anu, le dio la orden a su hijo Enki, quien trabajaba en la misión de la Tierra como principal científico genético, crear, a través de la ingeniería genética, a un nuevo ser, el obrero-esclavo.

Este ser tenía que ser lo suficientemente adelantado como para que pudiese realizar trabajos complejos, es decir, más adelantado que cualquiera de los animales disponibles, pero también menos adelantado que los propios Anunnaki para que éstos pudieran justificar el no tratar a los nuevos seres como personas morales y así poder usarlos como esclavos.
La solución de Enki fue crear un genético híbrido entre los homínidos terrestres y los mismos Anunnaki. Después de muchos experimentos fallidos, por fin tuvo éxito. El resultado fue el Homo Sapiens.

Los líderes Anunnaki encontraron que estos nuevos seres llenaban sus expectativas, y los pusieron a trabajar en las minas y en otras partes de sus colonias, que incluyeron la Antigua Mesopotamia. Los primeros hombres no rendían cultos a sus “dioses”, trabajaban para ellos. De más está decir que esos primeros hombres consideraban “dioses” a los Anunnaki porque habían sido sus creadores.

La pregunta lógica es cómo hemos podido evolucionar de una raza esclava a una civilización. Esto sucedió gracias a Enki. Mientras la asignación de Anu fue crear una raza de esclavos, en su corazón Enki quiso más. Él quiso jugar a ser Dios, y crear un ser a su imagen y semejanza, similar a él no solo en lo físico, sino también en lo mental, intelectual, emocional y espiritual, incluyendo todas las habilidades psíquicas. Y esto fue lo que hizo.
Los otros líderes Anunnaki, furiosos, trataron de destruir la creación de Enki. El momento propicio fue cuando la última edad de hielo estaba por acabar y un gran diluvio barrió la Tierra. Fue un evento completamente natural, pero el líder Anunnaki Enlil decidió usarlo para librarse de la creación de Enki.
Enki, sin embargo, frustró su plan salvando a un grupo de humanos guiados por alguien que después vino a ser conocido como Noé.

La transformación del animal-esclavo en la persona moral, inteligente y emocional que nosotros llamamos el ser humano se activó por Enki, quien concedió un regalo de amor a sus criaturas. En adelante los seres humanos no procrearían solamente, como hacen todos los animales, sino que “harían el amor”. .

3.         El relato bíblico

Este hecho se relata, distorsionado como es usual, en la Biblia, donde se habla de “La serpiente” ─nahash en el hebreo original, que tiene muchos otros significados─ que incitó a Adán y Eva al “pecado”. ¿Pero quién fue en realidad esa serpiente? La respuesta es que esa serpiente fue Enki.

La “fruta” que ellos “comieron” no fue una manzana, ni cualquier otra fruta física en absoluto. La palabra “fruta” allí usada tiene un significado sexual. Adán y Eva no comieron ninguna fruta, ellos hicieron el amor. El amor específicamente hecho, en lugar de meramente comprometido en la reproducción.
Como todos saben, la conducta sexual humana es notablemente diferente a la de cualquier otra especie. Mientras los animales simplemente procrean, los humanos en cambio hacen el amor. Esta diferencia es el resultado de lo que el Señor Enki hizo a una pareja humana ese día en el E.DIN (nombre sumerio original del que el Edén bíblico fue derivado).

Precisamente como Enki había proyectado, el hecho de concedernos la capacidad de hacer el amor fue un disparador que abrió el potencial espiritual más alto y una de las formas psíquicas de la emoción humana más elevada. Un hombre y una mujer ya no son animales, son ahora seres morales dotados de la capacidad más alta para conocer y amar.
Todo esto fue gracias al Señor Enki, a su hermanastra y compañera de amor ocasional, y compañera también en la creación del ser humano, la científica Anunnaki de la Vida, Lady Ninmah, llamada también “Mami” por los sumerios, la madre de todos los hombres. La palabra para madre es “mamá”, “mami”, o algo similar en cada idioma en la Tierra.
Si bien la creación del ser humano inicialmente enfureció a los otros Anunnakis, incluyendo a Enlil, eventualmente aceptaron la hazaña de Enki. Les concedieron a los humanos los elementos esenciales de civilización y les permitieron vivir junto con ellos.
Esto era lo que nuestros antepasados conocieron como sus dioses. Ellos no eran dioses en el sentido religioso, y no existía religión como tal. Los dioses no eran una cuestión de creencia: las personas vivieron codo a codo con ellos en ciudades construidas por los obreros humanos bajo la dirección de arquitectos e ingenieros Anunnaki. Las personas podían ver y oír a sus dioses, y si eran privilegiados hasta podían tocarlos.
Algunos humanos particularmente privilegiados consiguieron tener sexo con ellos. No había necesidad ciertamente de “creer” en ellos. Los dioses eran para los antiguos como son a nosotros hoy nuestros presidentes, parlamentarios, dictadores, u otras formas de gobierno. Ellos hacen leyes que nos dicen qué hacer, y puede o no gustarnos, pero no dudamos de su existencia.
Podemos ver y oír al presidente en la televisión (los Anunnaki tenían ciertamente también radio y televisión) y algunas personas consiguen el privilegio de estrechar su mano e incluso intimar con él. Esto es lo que los dioses eran a nuestros antepasados.
Los llamados templos eran literalmente casas de dioses, llenas de artefactos tecnológicos como son hoy nuestras casas y que ciertamente a nuestros antepasados les parecerían lugares mágicos, y siempre que los dioses volaban usaban aparatos, no magias o palos de escoba.
A estas alturas cabe recordar que no importa la caparazón o el disfraz, para decirlo de alguna manera, con la cual nos revestimos cuando estamos encarnados, porque detrás de ese organismo físico hay un espíritu que lo está utilizando.
Esto significa que un ser reptiloide, lo mismo que un ser humano, en su esencia es un espíritu, no un ser sin alma. No hay que confundir el disfraz con quien lo utiliza. Y esto es todo lo que hay que decir sobre nuestro origen.
Por supuesto que si a alguien le disgusta tener que admitir que fuimos creados por reptiles ─y que también tenemos mucho de reptil─, puede continuar con la idea de que Dios nos creó amasando barro, que una serpiente tentó a Eva para que no comiera la “manzana” –o para que tuviera sexo con Adán, si se prefiere– y que por eso fueron expulsados del Paraíso.

Pero primero piense en esto: si nuestros científicos son capaces de clonar seres humanos, ¿qué tendría de extraordinario que seres extraterrestres –sin importar su morfología–, con miles de años más de evolución que la nuestra hayan creado al hombre?
4.         Conclusiones

Para concluir esta nota citaremos las palabras de Salvador Freixedo extraídas de su revelador libro “La granja humana” [4]:
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“En el orden de las ideas trascendentes, los seres humanos creemos lo que ellos nos han hecho creer ─y éste es el origen y la esencia de todas las religiones─ y en cuanto a nuestros conocimientos de la Naturaleza, sabemos lo que ellos nos han dejado saber. Hasta hace apenas un siglo, los avances técnicos y científicos se debieron en gran parte a lo que estos seres les comunicaban a algunos de sus amigos ‘iluminados’ ”.
“Lo mucho que las tribus primitivas ─tan ignorantes en otras cosas─ saben sobre los poderes curativos de las plantas, y lo mucho que los chinos saben, desde hace milenios, sobre las corrientes bioenergéticas que surcan el cuerpo humano, con sus correspondientes puntos de acupuntura, son solo dos ejemplos de esta ciencia ‘revelada`. Hay muchos otros casos de inventos y descubrimientos debidos a alguna ‘revelación privada’.
“En la actualidad las cosas han cambiado radicalmente en este particular. La raza humana se ha liberado de muchos tabúes que los ‘dioses’ le habían hecho creer ─precisamente para que no avanzase─ y desentrañe por sí misma los secretos de la materia y de la Naturaleza.
“Una circunstancia importante, que hay que tener en cuenta en esta tesis, es que estos misteriosos seres que nos dominan desde las sombras no son buenos ni malos de por sí: simplemente nos usan, al igual que nosotros usamos a los animales. A éstos, aunque los cacemos y aunque organicemos espectáculos con ellos, no los odiamos: simplemente los usamos para lo que nos conviene. Si ese uso conlleva un buen trato (animales domésticos, por ejemplo) los tratamos bien; pero si ese uso conlleva un mal trato (animales sacrificados para nuestro alimento) los matamos sin remordimiento alguno.
“Lo mismo hacen con nosotros esos seres que dominan el mundo y la raza humana.
“La gran deducción que de esto se puede sacar es que los hombres no somos los reyes del mundo, tal como habíamos creído, ni somos la más excelsa de las criaturas de Dios, ni estamos en vísperas de abrazarnos eternamente con Él si nuestras obras han sido buenas durante nuestra permanencia en este planeta.
“Todas éstas son infantilidades con las que estos seres han nutrido nuestro ego para que siguiésemos ajenos a la gran realidad de que somos sus esclavos. Los verdaderos dueños del mundo son ellos y nosotros solo hacemos lo que a ellos les conviene, para lo cual han inventado unas formidables estrategias que describo detalladamente en el libro al que hice referencia.
“Y como no quiero repetir lo ya escrito, únicamente dejaré claro, por considerarlo de gran importancia para la recta concepción de esta nueva manera de entender el mundo, que no todos estos seres son iguales. La diversidad entre ellos es enorme y mucho mayor de la que se da entre los humanos. Si entre éstos nos encontramos con blancos y negros, altos y bajos, europeos y asiáticos, varones y hembras, etc, etc., entre los ‘dioses’ las variedades son muchísimo mayores, ya que nuestras diferencias solo atañen a cualidades externas y no esenciales ─puesto que todos somos seres humanos pertenecientes a la misma especie─, mientras que las de ellos se extienden a la esencia misma de sus ‘personas’ .
“Muchos de ellos son radicalmente diferentes entre sí y lo único que tienen en común es el ser inteligentes, aunque en esto mismo tenemos que decir que muchos aspectos de su inteligencia se escapan a nuestra comprensión.
“Ciertas especies de ‘dioses’ dan la impresión de ser benévolos para los humanos o por lo menos para algunos individuos, mientras que otros actúan de una manera muy negativa o, cuando menos, peligrosa e ilógica.
“¿En qué nos basamos para decir esto? En hechos. En miles de hechos que están ahí desde remotos tiempos, conocidos en todas las culturas, escritos en todas las literaturas y presentes en nuestros mismos días en las vidas de innumerables conciudadanos cuyos testimonios no podemos ignorar.
“El que la ciencia oficial no tenga explicación para ellos o los poderes constituidos prefieran ignorarlos por razones políticas, no obsta para que los hechos sigan esperando y exigiendo una explicación racional, sea la que fuere y venga de donde viniere.
“Esto es lo que intentamos hacer en este libro, sabiendo que nos exponemos al ludibrio de los que todo lo saben y de los que todo lo pueden. De nuevo, Dios los bendiga.
“La vida es un sueño. Y ellos también sueñan con sus adelantos técnicos, con sus dogmas y con sus poderes políticos. Y como todo soñador, también tienen pesadillas con bombas de neutrinos, con guerras de las galaxias, con infiernos eternos, y con ríos y bosques envenenados por los residuos químicos de sus fábricas.
“Nuestros esfuerzos por descifrar tantos misterios de la vida no son menos válidos que los suyos. Por lo tanto tenemos el mismo derecho que ellos a usar nuestra cabeza para descubrir el porqué de algo que por siglos lleva inquietando la mente de los hombres.
“Seguramente que las autoridades religiosas se juntarán al coro de los que nos denigran. Pero no se puede tirar piedras al tejado ajeno cuando se tiene el propio de cristal. Los jerarcas cristianos tienen su credo lleno de ángeles y demonios, que en nada se distinguen de los ‘dioses’ y de las entidades a que aquí nos referimos. La única diferencia es que sus ángeles y demonios ven limitadas sus actividades al tinglado dogmático del cristianismo, mientras que nuestros ‘dioses’ actúan libremente en el planeta, con todos los seres humanos, sean o no cristianos.
“No solo eso, sino que el pretendido ‘Dios’ del cristianismo, que manipulaba al pueblo hebreo desde una nube, es según nuestra tesis uno más de estos entes misteriosos que desde siempre han dominado a los humanos”.
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Como ya señalamos, San Pablo llamaba repetidamente a estos seres “los señores del mundo”, y su mala impresión de ellos estaba plenamente justificada.

[1]           Bibliografía. Los Anunnaki y el origen del hombre (Michael Sokolov),
http://arucasblog.blogspot.com/2010/02/los-anunnaki-y-el-origen-del-hombre-1.html ;
David Icke, El mayor secreto, el libro que cambiará al mundo, Edit. Ediciones Obelisco, España, 2011; Carl Sagan, Los dragones del Edén, Ballantine Books, Nueva York, 1977; David Icke, El cerebro Reptil, Biblioteca Pléyades, http://www.bibliotecapleyades.net/sumer_anunnaki/reptiles/reptiles76.htm.
[2]          Salvador Freixedo, La amenaza extraterrestre, Editorial Bitácora, Madrid, 1989; Biblioteca Pléyades, http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/amenaza_extraterrestre/amenaza.htm.
[3]           Anunnakis, el origen (video completo),
http://www.youtube.com/watch?v=1__Oya5D_5M&feature=related.
[4]           Salvador Freixedo, La granja humana, Editorial Usuhaia, España, 2012.

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